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Tenía ya buen rato observándome con una dulce mirada, ─ ¿Qué me cuentas amor? me dijo mientras posaba su mano en la mejilla, y abría sus ojos grandes como espejos, la observé pesadamente, la cabeza me daba vueltas, volteé a la ventana mientras me rascaba los huevos, ─ No tengo nada que contar nena, me levante apenas hace un par de minutos, fue una mala noche, no he hecho mas que despertarme, hacerme un par de blanquillos y comerlos, debería ser suficiente pero no lo es, nunca lo es…, tiernamente tomo mi mano libre entre las suyas, eran muy suaves tan suaves que me incomodaban, ─ Te quiero ¿sabes?- me dijo, eso no lo esperaba me tomo desnudo, desprevenido , nerviosamente le di un sorbo al café, le intente sonreír , pero mi sonrisa fue tan solo un patético intento, nuevamente sorbí de mi café … bajé la vista , no supe que contestarle.
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― Sí, no he podido dormir bien en los últimos días, doy demasiadas vueltas al asunto.
― ¿Por qué no solo la olvidas viejo, o quieres pensar en ella eternamente?
― Claro que no, que mierda que es esto.
Extendí mi mano para estrechar la suya, no le pregunte su nombre realmente eso no me interesaba, las malas noches habían caído como hojarasca en otoño sobre mi nuca, maldita melancolía, tiene un sabor aún más nauseabundo que una cerveza caliente.
― Adiós chaval
― Suerte
Baje del autobús y me adentre en el follaje de chapopote, la calle se pintaba atestada de personas que corrían, otras que caminaban, otras mas no hacían nada de su vida, me detuve un momento y pensé en cuantos no habría escondidos entre todo ese hormiguero, que por dentro estaban podridos igual que yo, miré al chico con su diablito cargando cajas que se veían mas grandes e imponentes que él, observe al pordiosero estirando la mano con la vista fija en el horizonte, cuantos sueños rotos perfumados con el hedor del fracaso no moraran en sus retinas, una mujer vendía naranjas, en brazos tenia a un chiquito, junto a ella tres chiquillos sucios jugueteaban alegres, sin importarles nada mas.
― Déme diez naranjas, por favor
― ¿Solo diez?
― Sí no soy un hombre de más de diez naranjas
Pagué mis naranjas y continué mi ronda, llegue hasta un pequeño edén instalado en medio de una avenida, árboles y pájaros roncos giraban a mi alrededor entre el estruendo del rió de metal, me tome un breve espacio para disfrutar de mis naranjas, el sol caía a plomo sobre mis hombros cansados y polvorientos así que busque una sombra para descansar, saqué una de mis naranjas de la bolsa , y comencé a quitarle la cáscara, ― Si no me comiera las uñas sería mas fácil pelar las naranjas ―, pensé en voz alta ,partí los gajos, me agrada el crujir de una naranja, contemple mi gajo recién nacido, ― Este es por los sueños, me lo engullí, su sabor no era tan dulce, sátira frutal , uno a uno terminé mi naranja dedicando cada uno de los gajos a un aspecto de mi vida, creo que el del amor fue el mas amargo de todos, me quedé recargado en aquel árbol, saqué de mi bolsillo una pequeña garrafa con escocés barato, le di un buen sorbo mientras veía ocurrir un mundo inmutable a mi alrededor, los pájaros trinaban, la gente corría, los países se hacían la guerra, lejos un chino moría, más lejos aun los planetas colapsaban, y ella seguía sangrándome por los ojos.
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